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Agustín, Pelagio y la Reforma


“Fue Agustín quien nos dio la Reforma.”
Benjamin B. Warfield

La observación de Warfield se basaba en el hecho que la Reforma fue testigo del triunfo último de la doctrina de la gracia de Agustín por sobre el legado de la visión Pelagiana del hombre. Si Agustín nos dio la Reforma, lo que creo que hizo, fue Pelagio quien colocó el fundamento para el así llamado “humanismo Cristianizado.” Este conflicto teológico del siglo quinto continúa teniendo implicaciones que se extienden hasta nuestra época actual. La controversia entre Agustín y Pelagio comenzó cuando el monje británico, Pelagio, se levantó en oposición a la famosa oración de Agustín: “Otórganos lo que nos has ordenado, y ordénanos lo que has deseado.” Pelagio rechazó con vehemencia la idea de que un don divino (la gracia) es necesario para llevar a cabo lo que Dios ordena. Para Pelagio y sus seguidores la responsabilidad siempre implicaba habilidad. Si el hombre tiene la responsabilidad moral de
obedecer la ley de Dios, también debe tener la habilidad moral de hacerlo.
Adolf Von Harnack resume el pensamiento Pelagiano: “La naturaleza, el libre albedrío, la virtud y la ley, estas cosas, estrictamente definidas y hechas de manera independiente de la noción de Dios - eran las palabras clave del Pelagianismo: la virtud auto adquirida es el bien supremo, el cual sigue como recompensa. La religión y la moralidad se hallan en la esfera del espíritu libre; están allí en cualquier momento por medio del esfuerzo propio del hombre.”

Además, Harnack declaró, “No podemos sino decidir que su doctrina [de los Pelagianos] deja de reconocer la miseria del pecado y el mal, que en sus raíces más profundas es una doctrina impía, que no sabe, y que no busca conocer, nada con respecto a la redención.”

Pelagio negaba la doctrina del pecado original, que enseña que nacemos en pecado (Salmo 51:5; Isaías 64:6; Romanos 3:9-18; Efesios 2:1-5; 1 Corintios 2:14; etc.). La gente llega al mundo en un estado neutral, decía Pelagio. Si ejercitan su libre albedrío en dirección de la justicia, siguiendo el ejemplo de Cristo, serán salvos; si ejercitan su libre albedrío en dirección del pecado, siguiendo el ejemplo de Adán, serán juzgados. Agustín defendía la doctrina bíblica del pecado original insistiendo que somos no solamente pecadores porque pecamos, siguiendo el ejemplo de Adán, sino que pecamos porque somos pecadores, heredando la culpa y la corrupción de Adán. Por lo tanto, lo que necesitamos en un Segundo Adán, también, es algo más que un
ejemplo.

Necesitamos un Salvador. Necesitamos alguien que nos rescate por Su propia gracia,
puesto que no podemos responderle por nuestro propio libre albedrío, corrupto como se halla por nuestros afectos pecaminosos. El acento, por lo tanto, recaía sobre la gracia de Dios en la expiación, la conversión, y el don de la fe salvadora y perseverante.
Aunque el Concilio de Éfeso declaró a Pelagio como hereje en el año 431 A.C., la mayoría de historiadores de la iglesia reconocen que esta decisión fue “política” y que en realidad hubo muy poco debate. Como resultado no se trató adecuadamente con el Pelagianismo, de la manera en que se trató el Arrianismo en el siglo cuarto. Esta falla ha permitido que persista en varias formas a lo largo de las edades.

En términos del desarrollo teológico histórico, en el siglo undécimo, Anselmo refinó esta doctrina Agustiniana de la gracia sobre el tema de la Expiación. Jesucristo tenía que ser Dios porque la deuda que debíamos era infinita y ninguna criatura finita podía pagarla. Y no obstante, tenía que ser hombre porque la deuda era algo que se debía por parte de la humanidad pecaminosa. De esta manera, Cristo llevó a cabo el oficio de un sustituto pacificador. A lo largo de la Edad Media, se debatieron con fiereza cuestiones relacionadas con la gracia y las obras, la predestinación y el libre albedrío, pero todos sabían que una regla del juego era que no se permitía el Pelagianismo, aunque muchos teólogos se acercaban tanto como podían a los límites de aquella herejía. Lo que sí emergió fue un “Semi-Pelagianismo,” que afirma la doctrina del pecado original y reconoce la condición caída de la humanidad, pero que también cree que sigue existiendo una habilidad moral en el hombre que no se ve afectada por la Caída. A esta habilidad moral se hace referencia algunas veces como una “isla de la justicia” por la cual el pecador es capaz de cooperar con la gracia de Dios.

En la Reforma Protestante, fue Martín Lutero, un monje Agustiniano, quien percibió el
asunto real que acechaba por debajo de la controversia entre la fe y las obras. Él se dio cuenta que el asunto era en qué grado la voluntad humana se halla esclavizada por el pecado y en qué grado dependemos de la gracia para obtener libertad. Esto se enfocó claramente en su debate con Erasmo, quien ha sido descrito como “un Pelagiano en ropaje Católico.” Lutero argumentaba que la “carne para nada aprovecha” (Juan 6:63) y que “nada” no es “un poco de algo.” El “poco de
algo” de la habilidad humana era algo que estorbaba en el paso de la verdad bíblica y de la Reforma de la sola gratia. Pues nuestra salvación no podía descansar sobre la “gracia sola,” sino sobre “la gracia más la habilidad humana.”
Pelagio, y más tarde Erasmo, apelan ambos a aquello en nuestra naturaleza caída que se rehúsa a reconocer nuestra propia iniquidad. Se rehúsa a aceptar que “en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” (Rom. 7:18). La raíz del humanismo y del Pelagianismo es humanista hasta su médula más profunda.

Lo que Benjamin Warfield entendió fue que Agustín había plantado fielmente las semillas en su época, las cuales dieron fruto casi mil años más tarde, una cosecha recogida por los Reformadores. Apeguémonos fuertemente a la verdad bíblica afirmada desde Agustín y permanezcamos en oposición al humanismo de Pelagio en nuestro tiempo.


¿Existe Obligación Moral

De Obedecer El Derecho?


Por Walter Vega


I.- Introducción



La respuesta a esta pregunta dependerá de cómo consideremos la moral y el derecho, es decir, cual es la fuente material de cada uno de ellos.

Generalmente se admite que el hombre es un ser moral por naturaleza, todo esto en virtud de las teorías de los escolásticos tomistas, partiendo por el doctor angélico de la Iglesia, Tomás de Aquino y actualmente los neo escolásticos.

Tomás de Aquino y los neo escolásticos promulgan que existe una revelación Eterna que se ha alojado no tan sólo en los escritos sagrados como la Biblia (revelación especial), sino que también se encuentra impresa en la naturaleza, y especialmente en la naturaleza del hombre (revelación natural).

Por lo tanto, es imposible por naturaleza que exista un divorcio entre la ley divina y el deber que el hombre tiene de observarla y respetarla. A este deber se le llama deber moral, porque por naturaleza, el hombre está vinculado a la ley divina y eterna.

Pero si desconocemos la existencia de una ley divina y de una revelación, cualquiera sea, inmediatamente quitamos el piso a la teoría de los derechos naturales y por consiguiente debemos justificar el concepto del derecho vinculante por otra vía.

¿Existen otros caminos o vías para dar una buena justificación para cumplir el derecho?, ¿vincula el derecho al ser humano?, ¿sigue siendo el deber moral el medio más fuerte que vincula a los seres humanos con el derecho?

No es mi intención desarrollar y responder todas estas preguntas en este trabajo, pero sí me he sentido motivado, al menos, a replantearme mucho de lo que nos han enseñado los tratadistas.







Las escuelas filosóficas del derecho


Como veníamos diciendo en la introducción, se han desarrollado tres teorías que justifican la obligación de cumplir el derecho, entre estas teorías están la del Iusnaturalismo, la del Positivismo y la del Realismo.
El Positivismo es aquella escuela que dice que una norma es válida sólo cuando ha cumplido con las formalidades establecidas por La Norma Jerárquica Superior. A este concepto se le llama “validez formal”.
El Realismo dice que una norma será valida cuando esta sea aceptada y cumplida por todo el cuerpo social, es decir, la sociedad. A este concepto también se le llama “la validez por eficacia”, porque una norma será eficaz siempre y cuando la sociedad o comunidad lo respete y observe de manera libre y espontánea.

Natural V/S cultural

Sin embargo, tanto para la escuela del positivismo, así como para la escuela del realismo, el derecho es sólo un artefacto cultural, es una creación del obrar humano colectivo, en otras palabras, el derecho es netamente cultural y jamás natural.
Como el derecho es cultura se torna imposible encontrar un vínculo natural o moral en el hombre, por lo tanto es necesario recurrir a constructos filosóficos (también culturales) para poder vincular al hombre con el derecho y la ley, aquí por ejemplo están los contractualistas, entre ellos, tenemos a Hobes con “El leviatán”, a Locke con su “2º tratado de gonbierno civil” y a Rousseau con su famoso “contrato social”.
Como ellos no encontraron ningún elemento natural de organización política-juridica en el ser humano (zoon politikon), optaron por crear y desarrollar la institución jurídica del “Pacto social”, y por medio de esta el ser humano y las sociedades iban a quedar vinculadas al derecho.
El problema con las teorías del positivismo y del realismo es que tienden a hacer de la justicia algo artificial, la justicia no tiene vida propia ni tampoco es absoluta o incondicional, sino que se torna relativa y acomodaticia, no existe como fin.
La justicia para el positivismo pasa a ser un problema que el legislador debe resolver y definir, como diría kelsen: “la justicia es un problema de la sociedad, no del derecho”. Mientras que para el realismo la justicia es una cuestión de moda, algo que la misma sociedad determina, el punto es que para ambas escuelas el derecho es la medida del hombre, es decir, autonomía pura, el hombre es la medida del hombre.
Pero si el hombre es la medida del hombre, ya sea el legislador (para los positivistas) o la sociedad (para los realistas) ¿cuál es la medida o canon ideal para regular todas las relaciones humanas, ya sean estas de derecho privado o público?
El legalismo de kelsen ha demostrado ser un fracaso, porque con sólo dictar leyes no solucionamos los problemas entre particulares, entre Estado y particulares o entre Estado y Estado. Además existen muchas leyes que no son justas para nada, ya que el legislador en su momento o no tenía el conocimiento necesario de la materia, o estaba influenciado por los ideales de su partido político, o simplemente estaba motivado por algunos “dólares extras” de algún empresario “bondadoso o altruista”. Entonces ¿nos atrevemos a decir que el derecho y la justicia quedan establecidos por seres humanos iguales, o peores, a nosotros?
Lo mismo podría decir del realismo, ya que el derecho queda definido en función de lo que la sociedad dicta. ¿Cuál sociedad?, ¿la sociedad alemana nazi?, ¿hasta cuando?, ¿hasta que se torne una giro social buscando otra justicia mejor?, entonces nos vamos al otro extremo ¿el socialismo a ultranza de Lenin y Mao? Ya quedamos decepcionados con esto. Luego seguimos buscando alternativas ideológicas propuestas por el mismo hombre, donde incluso la anarquía es una de ellas…no gracias.
Las visiones organicistas nunca han sido buenas consejeras para la sociedad. La respuesta es simple, no creo que el hombre sea la medida del hombre. Estado, Gremios, Proletariado, Sociedad etc. Cualquiera de ellas no son de fiar al momento de establecer la justicia y el derecho. Es arrogante, fanático e idolátrico pretender que nosotros mismos seamos la solución a nuestros problemas.


Iusnaturalismo V/S Teonomía

Pero así como el positivismo y el realismo no son viables para establecer el derecho, tampoco creo que el iusnaturalismo sea la respuesta, al menos así como lo han presentado de manera tan idealista y sacra.
Existe entre la teoría del iusnaturalismo y la práctica de este una cierta tendencia institucionalista, es decir, una inclinación a dogmatizar lo que se supone es “natural” en el hombre.
El problema es que según el mismo Santo Tomás la naturaleza necesita ser perfeccionada, él decía que “la gracia perfecciona a la naturaleza”. Esto es lo que los teólogos canonistas y los exponentes de la teología natural llamaron como la “donum superaditum”.
Para los escolásticos la “naturaleza” necesita una “añadidura”, necesita ser revestida y completada. La naturaleza no es mala per se, sino que le falta el don sobrenatural. Como diría Cornelius Van Til en su libro “El concepto calvinista de la cultura”:
“El mundo en esta perspectiva no es corrupto debido a la caída de Adán, sino que simplemente ha perdido la donum superadditum, el don sobrenatural de la gracia de Dios, ahora suplido por la iglesia, en cuya custodia se hallan los canales de la gracia. La naturaleza como creación no está caída ni es malvada sino solamente es la segunda mejor. El Cristianismo es algo añadido piramidalmente a lo natural, pero no entra en la vida como la levadura para transformarlo. La teología natural nos enseña acerca de Dios el Creador, el Proveedor y el Juez (ciertamente Platón y Aristóteles llegan hasta aquí) pero la Escritura es necesaria para conocer a Dios en la faz de Jesucristo. De esta forma Roma, que reclama para sí misma el apelativo de “Católica,” ha cambiado la catolicidad del Nuevo Testamento, que purifica y santifica el todo de la vida como su dominio propio, y ha colocado en su lugar un dualismo, que separa lo sobrenatural de lo natural. La salvación permanece siempre al lado de o por encima de lo natural, pero no entra en ello para transformarlo; la creación y la re-creación permanecen como dos entidades separadas. De esta forma se alcanza un compromiso entre lo natural y lo sobrenatural, entre el cuerpo y el alma, el mundo y la iglesia, el saber y el creer, la mortalidad y la religión. El Catolicismo Romano es el gran sistema de complementación, que provee el marco para este compromiso. La imagen de Dios complementa a una naturaleza neutral (algo como la idea pagana del anima rationale, el alma racional); las exhortaciones evangélicas complementan los preceptos morales comunes a toda la humanidad; la tradición complementa a la Escritura. La iglesia es la esfera de la religión, el mundo es el área de lo profano.
Puesto que los miembros de la iglesia no pueden vivir en este mundo sin moverse en la esfera secular, se hace un intento para traer todo lo secular bajo el paraguas de la gracia manejado por la iglesia, para asegurar la salvación de sus miembros desde el vientre hasta la tumba, por el bautismo, la confirmación, la eucaristía, la penitencia, las órdenes, el matrimonio y la extremaunción.”
De ahí que en la iglesia católica romana existen los sacramentos, ya que estos perfeccionan la naturaleza del hombre, por ejemplo el sacramento del bautismo perfecciona el nacimiento “espiritual” de las personas, el sacramento del matrimonio perfecciona “el pacto matrimonial” de los individuos, el sacramento de la extrema unción perfecciona y prepara al individuo para la muerte natural, claro que ahora con la extrema unción pasaría a ser una muerte mucho mejor, algo más que natural.
La iglesia romana se transforma así en “el gran sacramento” para la humanidad, incluyendo al Estado y al derecho, de ahí las disputas teológicas en relación a las leyes laicas (Ley de registro civil, Ley de matrimonio civil y Ley de cementerios) durante el gobierno de Dn. Domingo Santa María. Y también la gran controversia acerca de la separación Iglesia-Estado con la constitución de 1925 bajo el gobierno de Dn. Arturo Alessandri.
Muchos conservadores de aquella época defendían a la iglesia y se oponían tenazmente a que el Estado tomara el control de los nacimientos, matrimonios y defunciones, argumentando que era divino, natural y privativo solamente de la Iglesia de Roma, y que despojarla del control de dichos actos naturales era desacralizar y aún maldecir al estado chileno. Incluso se sabe que hubo intentos y amenazas de excomunión para los parlamentarios que votaron a favor de estas leyes…laicas.
Entonces cuando hablamos de los derechos naturales y de la escuela Iusnaturalista, en realidad estamos hablando del intento católico romano por “cristianizar” el derecho. ¿Acaso la teoría de los derechos naturales no es la misma teología natural elevada a un exponente jurídico?
Por esta razón prefiero hablar de “Teonomia”. La Teonomía está compuesta por las palabras griegas Teo, que significa Dios, y por la palabra Nomos, que significa norma o ley. Por tanto la Teonomia podría definirse como los principios o leyes divinamente impregnadas en la conciencia libre del hombre.
El iusnaturalismo tiene una carga fuertemente partidista-religiosa, en cambio el concepto de Teonomía dice relación con algo que es realmente natural en el hombre y que le vincula espiritualmente a un principio superior.
Pero este principio superior no está supervigilado por alguna estructura panóptica que toma para si misma la representatividad e interpretación del derecho como en el caso del legislador para los positivistas, la sociedad para los realistas, o la iglesia (en ultima instancia) para los iusnaturalistas. Sino que la Teonomía hace realmente libre al hombre y lo confronta en la libre -soledad y reflexión espiritual del individuo.
La teonomia despierta en el individuo el sentido nómico de la naturaleza y de la sociedad, y le hace responsable para contribuir a ese orden teonómico que busca la naturaleza humana.
En otras palabras, la teonomía constituye al ser humano como un elemento nómico de este supra orden divino. El ser humano pasa entonces a ser un testigo, y legislador a la vez, de aquella norma superior que le hace libre y a la vez le vincula con el fin superior, Dios.

La insuficiencia de la teoría de los tres círculos en la antigua ley de matrimonio civil.

Con la antigua ley de matrimonio civil se pudo quitar el control de la iglesia sobre los matrimonios y fue el Estado quien pasó a tomar la administración de ellos.
En esta ley podríamos encontrar un equilibrio e interrelación total y plena de la teoría de los tres círculos, es decir, en esta norma se encuentran interrelacionadas las tres grandes esferas, es decir, existe validez formal, existe validez material y también existe validez eficaz. Sin embargo, y a pesar de cumplir con la teoría de los tres círculos podemos darnos cuenta que esta norma no llenaba los principios de justicia universal y absolutos. Veamos.

El texto de esa antigua ley decía que el matrimonio: “Es un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen actual e indisolublemente y por toda la vida con el fin de vivir juntos, de procrear, y de auxiliarse mutuamente”.
Art. 102 C.C.

En primer lugar, la validez formal se hace manifiesta al momento en que la norma se remite formalmente al matrimonio como “Un contrato solemne”. Aquí el legislador trata de dar una explicación meramente formal y que se debe cumplir tal como la ley dice (manda, prohíbe o permite).
En segundo lugar, también se hace manifiesto el principio de la validez eficaz ¿Por qué?, porque si recordamos, hasta antes de 1883 la administración de los matrimonios estaba en manos de la iglesia católica romana, lo cual hacía que muchos chilenos quedaran fuera de las posibilidades de que el estado les reconociera como matrimonios, y simplemente sus relaciones eran consideradas como concubinatos, además que sus hijos pasaban a ser bastardos o hijos ilegítimos. Por lo tanto la ley de matrimonio civil estaba en armonía correcta con el sentir de la mayoría de la sociedad, salvo algunos fanáticos “ultramontanos”.
Y en tercer lugar, también se manifiesta el principio de la validez material porque perseguía un fin, y ese se manifestaba en las palabras “por toda la vida con el fin de vivir juntos, de procrear, y de auxiliarse mutuamente”.
Pero a pesar de que en esta norma confluían las tres teorías, la norma no era perfecta, no era Teonómica, no abarcaba los eternos principios de justicia divinos.
El problema era que la norma estaba viciada de un sesgo religioso, pretendidamente iusnaturalista, ya que la ley añadía la entrampante y sacramental palabra “INDISOLUBLEMENTE”. Hasta la fecha no he podido encontrar ningún argumento iusnaturalista que pruebe la “natural” indisolubilidad del matrimonio, es más, hay casos en que es antinatural mantener relaciones insanas y destructivas que en vez de hacer crecer el matrimonio lo destruyen. Demás está mencionar el adulterio, el incesto, la violencia intrafamiliar, el alcoholismo etc. Casos que realmente ameritan teonómicamente la disolución del vínculo matrimonial.

Orígenes de la Teonomía

Creo que los reformadores protestantes entendieron muy bien este concepto Teonómico, ya que ellos pudieron escapar tanto del humanismo autónomo (positivismo y realismo) y de las heteronomías institucionalizadas (iusnaturalismo).
Siguiendo al Dr. Van Til: “La Reforma Protestante no buscó meramente limpiar la iglesia y liberarla de los errores doctrinales, sino que también buscó la restauración del todo de la vida. Esto conllevaba liberar la vida natural del hombre y las varias esferas en la sociedad del señorío de la iglesia. Mientras el Humanismo era un intento por proclamar la libertad del hombre de Dios y de toda autoridad, enfatizando la autonomía versus la heteronomía, los Reformadores estaban unidos en su pasión por la libertad para el hombre Cristiano, lo que significaba servicio sujeto a la Palabra del Señor. Solamente Cristo era considerado Señor de la conciencia.
Para los Reformadores lo natural era santo lo mismo que lo espiritual, y la obra del Padre en la creación era considerada de igual significado como la del Hijo en la redención. Cristo era para ellos un Redentor cósmico, aquel a través de quien todas las cosas son restauradas para con el Padre. Pues Dios amó tanto al mundo, este cosmos creado, que dio a su único Hijo (Juan 3:16).
Los Reformadores eran partidarios de un Cristianismo sensato, saludable y robusto; no eran ellos ni excéntricos ni seres extraños, ni les era extraña alguna cosa humana. En realidad, tomaban el pecado más seriamente que la iglesia medieval, creyendo que todo el hombre había sido corrompido por la Caída y que el mundo estaba bajo maldición por causa del pecado. Sin embargo, no cometieron el error de condenar las cosas naturales como si fuesen impuras; creían en la restauración, la purificación y la consagración de lo natural, no en su negación o castigo. Por medio de la Reforma la relación mecánica de la naturaleza y la gracia fue suplantada por una relación ética, de manera que la restauración de la ley de Dios en todas las esferas de la vida se convirtió en el punto de interés del creyente”.
Con respecto a la Teonomía de los reformadores protestantes podemos citar a Albert Hyma quien afirma que fue especialmente la transferencia del sistema de elección usado en la escogencia de ancianos y diáconos en la iglesia Ginebrina hacia la arena política lo que hizo posible un impacto tan tremendo dondequiera que iba el Calvinismo (República Holandesa, Inglaterra y Escocia, y América).
El fallecido Williston Walker de la Universidad de Yale escribió, “La influencia del Calvinismo, por más de un siglo después de la muerte del Reformador de Ginebra, fue la fuerza más potente en Europa en el desarrollo de la libertad civil. Lo que el mundo moderno le debe es casi incalculable.”
Un reciente autor Inglés, al contar la historia de cuál es el logro del Calvinismo en América, dice, “Lo hemos visto modificando las constituciones y formas de vida de países antiguamente establecidos en Suiza, Holanda y Gran Bretaña, pero aquí lo tenemos operando como un factor principal en crear un nuevo estado. La influencia de los Estados Unidos en el mundo de hoy hace de sus orígenes un asunto de gran interés. Esos orígenes revelan uno de los triunfos más especiales del Calvinismo.” Esto también es enfatizado por el Sr. Davies quien afirma que el estado mental de los colonizadores Americanos había sido formado antes que la influencia de Locke llegara a expresarse en nuestro lado del océano a través de Jefferson, mientras que Dakin estima que alrededor de dos de los tres millones de habitantes en América al momento de la guerra Revolucionaria
pertenecían a las filas Calvinistas. Es discutible si alguien quisiese argumentar que Calvino habló la palabra liberadora, o la última palabra, sobre la relación entre la iglesia y el estado. Por ejemplo, creía que el estado debía proveer para las necesidades físicas de los ministros, que se requería que cuidara de los pobres y proveyera educación para los jóvenes ciudadanos.
Aún cuando concedamos que Calvino preveía un gobierno Cristiano, no obstante colocó un arma aguda en las manos del gobierno, mediante la cual se vuelve bastante simple para un gobierno hostil forzar a la iglesia a obedecer sus mandatos. Además, bien podemos cuestionar la posición de Hyma (Doumergue también tiene esta opinión) de que una iglesia democrática hizo surgir un estado democrático.
En realidad, la iglesia que Calvino organizó no era democrática en este sentido moderno, pues el poder y la autoridad últimos estaban conferidos a los ancianos, siendo estos delegados a ellos por Cristo. Sin embargo, aunque la separación de la iglesia y el estado no se realizó en Ginebra durante la vida de Calvino, podemos decir que se convirtió en una realidad histórica debido a sus labores al instituir la disciplina espiritual en la iglesia. La batalla por la jurisdicción espiritual del consistorio, con el derecho a excomulgar, era el punto focal de disputa en la larga batalla, dura y a veces amarga, que Calvino peleó con el concilio de Ginebra. Esto, dice Warfield, fue la cuña de entrada, “clavada entre la Iglesia y el Estado que tenía el propósito de separar al uno del otro”
Y aunque todos los hijos espirituales de Calvino no apreciaron esto suficientemente, él quería una iglesia autónoma en su propia esfera espiritual. Es debido a esta victoria, a saber, la exitosa introducción y mantenimiento de la disciplina espiritual, dice Warfield, que “toda Iglesia en la Cristiandad Protestante que disfruta hoy de cualquier libertad, cualquiera que ésta sea, al realizar sus funciones como una Iglesia de Jesucristo, lo debe todo a Juan Calvino”
A. Mervyn Davies, El Fundamento de la Libertad Americana, (New York, 1955), quien sostiene que, “Al vencer a la ola emergente de absolutismo cuando ésta amenazaba devorar toda Europa, éste (i.e., el Calvinismo) hizo posible el surgimiento de una mancomunidad del hombre bajo la soberanía de Dios. Así pues, fue eso lo que colocó los fundamentos de nuestra libertad,” p. 24.
Quisiera concluir con la siguiente frase de la confesión de fe protestante de Westminster:
“Solo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres, las cuales son en alguna manera contrarias a su Palabra, o está al lado de ella en asuntos de fe o de adoración. Así que creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos con respecto a la conciencia, es traicionar la verdadera libertad de conciencia; y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta, es destruir la libertad de conciencia y también la razón.”

Sí, el hombre está obligado moralmente a obedecer el derecho…en tanto este sea derecho Divino.



SOLA GRATIA
SOLA FIDE
SOLO CHRISTUS
SOLA SCRIPTURA
SOLI DEO GLORIA

Trayendo al corazón sabiduría (Parte I)




"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría"
(Salmo 90:12)




Sermón Predicado el Domingo 8 de Marzo 2009

Trayendo al corazón sabiduría (Parte I)

Introducción

El salmo 90 es uno de los salmos más profundos de todo el salterio, es profundo porque es una oración, y es la oración de Moisés, varón de Dios.
El tema central de este salmo es la eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre.
A este salmo se le ha llamado el “salmo de la noche vieja”. “Muchos cristianos ven reproducida en este salmo, de manera exacta, la disposición de ánimo que les embarga el último día del año. Cuando piensan en la brevedad de la vida y en la caducidad del hombre…” (Van Deursen)
También son muchas las generaciones de personas afligidas que han escuchado este salmo alrededor de un féretro que esta por ser enterrado, y que se han consolado con él aún cuando están viendo pasar frente a sus ojos el valle de sombra de muerte, sabiendo que algún día ellos también irán a su propio lugar.
“El salmo noventa se puede citar como quizá la más sublime de las composiciones humanas, la más profunda en sentimiento, la más elevada en composición teológica, la más magnífica en sus imágenes. Es verdadera en la descripción que da de la vida humana como atribulada, transitoria y pecaminosa. Verdadera en su concepto del Eterno, el Soberano, y el Juez; y, con todo, el refugio y esperanza de los hombres, que, a pesar de las pruebas más severas de su fe, no pierden su confianza en él, sino que, firmes en ella, suplican, como si lo predijeran, una sazón de refrigerio cercana.” (Isaac Taylor)

Enséñanos a contar nuestros días

Moisés sentía que estaba llegando al final de sus días, según el versículo 10 podemos deducir que estaba entre la edad de los 70 y 80 años ya que dice: "los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos".


Posiblemente, en este estadio de su vida, el octogenario Moisés, quién todavía peregrinaba en el desierto como un furtivo, sentía que su vida se le acababa, y se daba cuenta que no había hecho nada de lo que alguna vez soñó. Todos sus ideales, sus planes, anhelos, metas, proyectos de juventud etc., se habían frustrado. Se siente fracasado y abatido, es tanta su frustración que piensa que está bajo la airada mano de Dios. Cree que la vida es como un sueño, por eso dice en los vs. 5 y 6 que el hombre es “como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca.”

Todos sabemos la historia de Moisés, y conocemos que él fue hijo de la hija de Faraón, ¡el príncipe de Egipto!, pero a pesar de haber estado en la cima del imperio más grande de la época, ahora no tenía nada, hace cuarenta años que esta huyendo y escondiéndose en el desierto, y ahora, ya viejo, el convicto y renegado Moisés, eleva una oración y ruega a Dios: "Enséñanos a contar nuestros días". “No sé vivir, no he sabido conducirme, he cometido muchos errores, demasiadas malas elecciones. ¡Ayúdame a entender el misterio de la vida, a evaluar mis días y a tener sabiduría!”. Sí, Moisés recién había comprendido que la vida era corta, frágil y que la había vivido sin la sabiduría de lo alto.
¿De donde vengo?, ¿Quién soy?, ¿Para que estoy?, ¿Para donde voy? Se dice que estas peguntas son las más importantes que puede hacerse una persona en la tierra, ya que ellas apuntan a la misma existencia del ser humano, y las respuestas a ellas serán las que determinarán la realización completa del individuo. Por eso es necesaria la sabiduría, para poder vivir la vida. El príncipe de los predicadores, Spurgeon, dijo en relación a este salmo: “La guadaña termina con la vida de las flores del campo, y el rocío de la noche llora sobre ellas. Aquí tenemos la historia de la hierba: es sembrada, crece, florece, es segada, desaparece; y la historia del hombre no es muy distinta”

Se dice que el cementerio es el lugar más rico de la tierra, porque allí están enterrados las ideas, invenciones y descubrimientos que nunca se concretaron. Basta con ir a un cementerio y leer los epitafios de las lápidas, podemos allí hacer nuestra la nostalgia de gente que algún día vivió, que tuvo sueños, ideales, grandezas etc. pero que un día, inevitablemente, les llegó la muerte. Y ahora hay allí, sólo el triste testimonio de un epitafio que dice que alguien vivió, alguien soñó, alguien respiró, alguien tuvo alguna aspiración; pero que todo eso terminó.
“Porque todos nuestros días declinan…; Acabamos nuestros años como un pensamiento”. Una versión popular dice: “Como una historia que es contada...”

Sin duda, todos somos una historia que algún día se contará, y nuestra vida será el testimonio que otros oirán, y dependiendo de nuestra sabiduría querrán imitarnos, o evitarnos como modelo de vida.
Necesitamos la sabiduría de Dios para poder conocer nuestro camino, cuántos son nuestros días, y cómo invertirlos sabiamente.

"¡Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría!"

El modo de Faraón y el modo de Dios

Como habíamos dicho, Moisés fue criado en Egipto, en toda la grandeza de la cultura egipcia. Los egipcios (al igual que los mayas, los aztecas y los incas) eran hábiles en medir el tiempo, ellos contaban los años, los meses, las semanas, los días, las horas y hasta los minutos y segundos. De hecho ellos adoraban al sol y a la luna, y creían que estos influían tremendamente en la vida de cada persona, incluso en la vida de Faraón, que según ellos, era el hijo del sol. Por lo tanto debían conocer perfectamente los siclos y el tiempo de cada uno de los astros. Por este mismo motivo Moisés le pide a Dios que le enseñe a contar los días. Pero Moisés le pide a Dios que le ayude a contar los días “de tal modo” que traiga a su corazón sabiduría. Moisés sabía contar los días, pero al modo egipcio, al modo que lo contaban los magos paganos de Egipto, como Janes y Jambres, al modo que le habían enseñado sus antiguos dioses, al modo que al final no trae sabiduría.
Pero una de las cosas principales que nosotros tenemos que entender cuando se trata de medir y contar nuestros días es que el modo como los hombres cuentan los días es muy distinto al modo como Dios lo hace. Y Moisés entendió esto, por eso le pide a Dios que le enseñe nuevamente a contar sus días, ya no al modo de los dioses egipcios, sino al modo de Dios, al modo del gran YO SOY. Sólo el Anciano de Días es el único que nos puede enseñar a vivir los días que nos restan en la tierra.

Dos Generaciones, Y Dos Modos De Contarlas

Veamos lo que nos dicen los capítulos 4 y 5 del Génesis.
Génesis 4:17 nos relata la historia de Caín. Caín fue el primer hijo de Adán y Eva, que mató a su hermano Abel. Y en este capítulo se nos da la descendencia de Caín. En los versículos 17 y 18 dice: "Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec". Es muy revelador darse cuenta que al describir a los descendientes de Caín no se menciona la edad de ellos, ni la de sus hijos, ni mucho menos la época o fecha en que murieron sus descendientes.
Sin embargo, cuando estudiamos la descendencia de Set, el substituto de Abel, nos encontramos con una visión y una manera muy diferente de relatar su descendencia. Leamos por favor la forma como se cuenta la línea de Set: "Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a enos, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió".

Si seguimos leyendo la descendencia de Set, vamos a encontrar el mismo modo de contar los días respecto a cada uno de sus hijos: se da primero su época de nacimiento, luego su edad, cuando tuvieron el primer hijo; cuando tuvieron los otros hijos, también se cuenta cuántos años vivieron, y después, se cuenta y se dice a que edad murieron. El modo de relatar la descendencia de Caín es distinto al modo de relatar la descendencia de Set, ¿Por qué razón? El gran predicador chino Watchman Nee nos da la respuesta: “¿Cual es la razón de esa diferencia? Es porque a los ojos de Dios Caín no tiene años que sean contabilizados. Tal vez él se haya casado a los cincuenta años, engendró hijos a los sesenta y morir con seiscientos años, sin embargo Dios no los consideró. Simplemente los ignoró. A los ojos de Dios este hombre nunca vivió; aún mientras vivía, él estaba muerto. Por eso, solamente su nacimiento fue registrado (que equivale a la muerte) y no su muerte. Ya que, para Dios, él no vivió, entonces no tiene números para contabilizar y, tampoco murió. ¿Que tipo de persona esas del capítulo 4 representan? Representan todos los que no nacieron de nuevo, los que están muertos en Adán, los que no tienen vida eterna, por lo tanto no tienen cuenta de años.

Watchman Nee está en lo cierto, y la conclusión es esta: La descendencia de Caín no tiene días para ser considerados delante de Dios. Sus días no cuentan delante de Dios. Dios no tiene memoria ni registro de ellos. Por esta misma razón el restaurador Nehemías le respondió a sus enemigos “Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén”.

Caín y sus hijos representan a los hombres que nunca han nacido de nuevo, a los hombres que no han sido tocados por la gracia irresistible de Dios. Ellos no tienen una historia delante de Dios; están muertos en delitos y pecados (Ef. 2:1). La Biblia dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5: 12).

Por lo tanto, el estado de una persona sin Cristo es el mismo estado que tenía (y tiene) Caín junto a su descendencia. Caín y sus hijos no tienen una historia espiritual como para ser registrada por el Espíritu Santo. No se registra la fecha en que nacieron, porque en realidad ellos nunca nacieron para Dios; tampoco se menciona en que época o año engendraron hijos, porque jamás han sido padres espirituales de alguien, ellos nunca podrán decir como Pablo: “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” (1 Tes. 2: 7), la descendencia de Caín es una descendencia maldita, es estéril, no puede dar vida porque sencillamente no tiene vida para dar. Por esto, ellos no tienen historia. Los cainitas son los sin historia, los sin iglesia, los sin salvador, los sin testimonio, los sin vida. Así es la depravación total, y esta es su consecuencia: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3: 23)

Muy diferente es con la descendencia de Set (los setitas). Desde Adán en adelante, incluyendo a todos los patriarcas y hasta el último de los profetas junto a los apóstoles, se nos informa casi escrupulosamente la época en que nacieron, en que fecha tuvieron hijos, cuanto tiempo vivieron y cuando murieron. La historia de ellos sí cuenta, hasta el mismo Señor Jesucristo lo dijo: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mt. 10: 30), nuestras vidas están registradas en los cielos porque nuestros nombres están inscritos en los cielos y en el libro de la vida. “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Is. 49: 15-16)

Dos generaciones que nos revelan tremendas cosas. Por un lado están los quebrantadores del pacto. Respecto de ellos no hay memoria, ni registro, ni historia en los cielos. Pudieron haber edificado e inventado tremendo proyectos. Pudieron haber acumulado riquezas y bienes. Caín y su descendencia construyeron grandes ciudades (Gé. 4:17), desarrollaron la ganadería (Gé. 4:20), inventaron y crearon grandes obras de arte (Gé. 4:21), emprendieron grandes negocios metalúrgicos (Gé. 4:22), en fin, fundaron grandes imperios sobre la tierra. Sin embargo, no tienen días ni historia para Dios, ellos no existen para Dios, sus obras no son suficientes para ganar el agrado o favor de Dios porque la salvación no es por obras sino que es por Gracia, por medio de la fe, y esto NO es de Nosotros, sino de Dios. ¡Aleluya! , El día que ellos vuelvan al polvo -porque de allí fueron tomados- van a perder su alma, porque Dios les dirá: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. (Lc. 12: 20-21)

En cambio, por otro lado, tenemos a los hijos del pacto, la descendencia de Set. Estos son los que sí existen para Dios. Estos son los que han entrado en pacto con Dios y con su ley. Estos son los que viven para Dios, porque Cristo ha venido a sus vidas y han vuelto a nacer. Dios lleva un registro de ellos, y cuenta sus días. Sus días comenzaron a ser contados desde el preciso momento en que la gracia soberana e irresistible (invencible) llegó a sus vidas. Si bien es cierto que ellos ya existían en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, y que Dios los conocía y los amaba mucho antes de ser formados en el vientre de sus madres, sin embargo la verdadera existencia en el reino de Dios comenzó a ser registrada cuando ellos recibieron a Cristo en el corazón.
¿Por qué podemos estar seguros de nuestra salvación?, ¿Por qué podemos confesar nuestra fe cada día de reposo junto a nuestra familia?, ¿Por qué decimos que somos real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios?, ¿Por qué confesamos cada domingo nuestra identidad en Cristo?, ¿por qué decimos que somos amigos de Cristo, que estamos sentados con él en los lugares celestiales?, ¿Por qué podemos decir que nuestros hijos están también bajo este maravilloso pacto de gracia?. La razón es muy sencilla, porque hubo un día en que nosotros nacimos de nuevo. Porque ese mismo día la vida de Dios se metió en nuestros huesos y pudimos decir ¡¡Abba Padre!! Ahí comenzó el Señor a contar nuestros días.

El hermano Watchman Nee nos dice: “Cuántos nacimientos usted tiene?" Si hubo sólo uno, yo temo por usted, pues es necesario que usted tenga el segundo nacimiento. Temo que entre los que están leyendo este libreto, haya los que tienen sólo un nacimiento… así como Caín, no tienen años contados delante de Dios. Aunque él haya vivido quinientos o setecientos años y realizado muchas cosas, nada de eso tiene valor. …Por eso, la edad espiritual solamente se inicia con el nuevo nacimiento.

Un día, conversando con un hermano, pregunté: “¿Por qué Pablo estableció a Timoteo cuando este era joven?, ¿acaso un presbítero no debe ser anciano y experimentado?, ¿Como pudo establecer una persona joven? Eso no es correcto. ¿Como Timoteo pudo ser presbítero?" Acuérdese de que la contabilidad de Dios es diferente de la humana. Usted puede tener sesenta años, pero solamente un mes delante de Dios, o puede tener veinte años, sin embargo puede que ya tuviera diez años ante Dios. La cuenta se inicia con la salvación, pues antes de eso no hay nada contabilizado.

Conclusión

Un gran predicador calvinista dijo: “el que nace una vez morirá dos veces, en cambio el que nace dos veces morirá tan sólo una vez”. ¿Cuántas veces ha nacido?, ¿una vez? Entonces ud. Está en problemas, porque para Dios ud. No existe, sus días son irrelevantes y no son contados. En cambio si ha nacido dos veces ¡¡aleluya!! Ud. Vive para Dios. Sin embargo, no es porque seamos mejores que otros. No es porque hayamos cumplido una lista de méritos. Es porque la gracia soberana, incondicional e irresistible de Dios nos ha alcanzado, nos ha vencido. Es porque un día nosotros estábamos muertos, es porque un día nosotros estábamos en delitos y pecados, y el Dios de los cielos se nos manifestó, se nos reveló en la persona de Jesucristo. Oh, no es de los sabios, no es de los poderosos, no es de los ricos. “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Ro. 9: 15-18)

¿Existe UD. Para Dios?, ojo, note que no le estoy preguntando si UD. Cree que Dios existe , sino que le estoy preguntando si cree Ud. Que existe para Dios, ¿tiene UD. Una historia delante de Dios?, ¿Contará Dios sus días?, ¿a que descendencia pertenece?, ¿a la de Set?, ¿o esta engrosando la descendencia de Caín, éstos cuya historia no cuenta, éstos cuyos años están ignorados para Dios, estos cuyas acciones por muy grandes que sean no les servirán de nada a la hora de ver los registros en los cielos o de dar cuenta a Dios?

“Son muchos tus pecados. La arena del mar es poca en comparación. Pero cada uno de ellos ha de ser borrado, o perecerás eternamente. Un pecado no perdonado no puede entrar en el Reino de los cielos. ¿Qué harás entonces? Una cosa es clara: No puedes hacer nada. No puede; deshacer el pasado. Pero he aquí "el sacrificio más excelente". Limpia de todo pecado. Por él, toda clase de pecados son perdonados a los hijos de los hombres. Torna lo escarlata tan blanco como la nieve, y lo carmesí como la blanca lana. Cambia lo más vil en perfecta pureza. Sus méritos pueden hacerte a ti sin mácula. ¿Querrás ser tú como Caín y rechazar "el más excelente sacrificio"?

Tú necesitas paz. Satanás aturde. La ley te condena. La conciencia te acusa. Tus heridas son profundas. Tus cargas pesadas. Tu memoria trae ante ti horribles espectros. El corazón se derrite. Andas taciturno y pesado. Te miras a ti mismo y te desesperas. Miras el mundo y se burla de tu problema. Buscas una reforma y resulta una cisterna rota. Vuelas hacia los actos externos de la religión y son como cañas, te apoyas en ellas y te hieres las manos. ¡Cuán distinto es el "sacrificio más excelente"! Nos habla de que Dios está satisfecho, el pecado remitido, y todos los acusadores enmudecidos. Trae paz, perfecta paz, que sobrepasa todo entendimiento. ¿Serás como Caín y rechazarás el "más excelente sacrificio"? (Henry Law, el evangelio en Génesis)



¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
(Sal. 8:4)


SOLI DEO GLORIA




Walter Vega.
Ministro Iglesia Reformada Maipú
Presbyterian Church in America