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Trayendo al corazón sabiduría (Parte I)




"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría"
(Salmo 90:12)




Sermón Predicado el Domingo 8 de Marzo 2009

Trayendo al corazón sabiduría (Parte I)

Introducción

El salmo 90 es uno de los salmos más profundos de todo el salterio, es profundo porque es una oración, y es la oración de Moisés, varón de Dios.
El tema central de este salmo es la eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre.
A este salmo se le ha llamado el “salmo de la noche vieja”. “Muchos cristianos ven reproducida en este salmo, de manera exacta, la disposición de ánimo que les embarga el último día del año. Cuando piensan en la brevedad de la vida y en la caducidad del hombre…” (Van Deursen)
También son muchas las generaciones de personas afligidas que han escuchado este salmo alrededor de un féretro que esta por ser enterrado, y que se han consolado con él aún cuando están viendo pasar frente a sus ojos el valle de sombra de muerte, sabiendo que algún día ellos también irán a su propio lugar.
“El salmo noventa se puede citar como quizá la más sublime de las composiciones humanas, la más profunda en sentimiento, la más elevada en composición teológica, la más magnífica en sus imágenes. Es verdadera en la descripción que da de la vida humana como atribulada, transitoria y pecaminosa. Verdadera en su concepto del Eterno, el Soberano, y el Juez; y, con todo, el refugio y esperanza de los hombres, que, a pesar de las pruebas más severas de su fe, no pierden su confianza en él, sino que, firmes en ella, suplican, como si lo predijeran, una sazón de refrigerio cercana.” (Isaac Taylor)

Enséñanos a contar nuestros días

Moisés sentía que estaba llegando al final de sus días, según el versículo 10 podemos deducir que estaba entre la edad de los 70 y 80 años ya que dice: "los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos".


Posiblemente, en este estadio de su vida, el octogenario Moisés, quién todavía peregrinaba en el desierto como un furtivo, sentía que su vida se le acababa, y se daba cuenta que no había hecho nada de lo que alguna vez soñó. Todos sus ideales, sus planes, anhelos, metas, proyectos de juventud etc., se habían frustrado. Se siente fracasado y abatido, es tanta su frustración que piensa que está bajo la airada mano de Dios. Cree que la vida es como un sueño, por eso dice en los vs. 5 y 6 que el hombre es “como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca.”

Todos sabemos la historia de Moisés, y conocemos que él fue hijo de la hija de Faraón, ¡el príncipe de Egipto!, pero a pesar de haber estado en la cima del imperio más grande de la época, ahora no tenía nada, hace cuarenta años que esta huyendo y escondiéndose en el desierto, y ahora, ya viejo, el convicto y renegado Moisés, eleva una oración y ruega a Dios: "Enséñanos a contar nuestros días". “No sé vivir, no he sabido conducirme, he cometido muchos errores, demasiadas malas elecciones. ¡Ayúdame a entender el misterio de la vida, a evaluar mis días y a tener sabiduría!”. Sí, Moisés recién había comprendido que la vida era corta, frágil y que la había vivido sin la sabiduría de lo alto.
¿De donde vengo?, ¿Quién soy?, ¿Para que estoy?, ¿Para donde voy? Se dice que estas peguntas son las más importantes que puede hacerse una persona en la tierra, ya que ellas apuntan a la misma existencia del ser humano, y las respuestas a ellas serán las que determinarán la realización completa del individuo. Por eso es necesaria la sabiduría, para poder vivir la vida. El príncipe de los predicadores, Spurgeon, dijo en relación a este salmo: “La guadaña termina con la vida de las flores del campo, y el rocío de la noche llora sobre ellas. Aquí tenemos la historia de la hierba: es sembrada, crece, florece, es segada, desaparece; y la historia del hombre no es muy distinta”

Se dice que el cementerio es el lugar más rico de la tierra, porque allí están enterrados las ideas, invenciones y descubrimientos que nunca se concretaron. Basta con ir a un cementerio y leer los epitafios de las lápidas, podemos allí hacer nuestra la nostalgia de gente que algún día vivió, que tuvo sueños, ideales, grandezas etc. pero que un día, inevitablemente, les llegó la muerte. Y ahora hay allí, sólo el triste testimonio de un epitafio que dice que alguien vivió, alguien soñó, alguien respiró, alguien tuvo alguna aspiración; pero que todo eso terminó.
“Porque todos nuestros días declinan…; Acabamos nuestros años como un pensamiento”. Una versión popular dice: “Como una historia que es contada...”

Sin duda, todos somos una historia que algún día se contará, y nuestra vida será el testimonio que otros oirán, y dependiendo de nuestra sabiduría querrán imitarnos, o evitarnos como modelo de vida.
Necesitamos la sabiduría de Dios para poder conocer nuestro camino, cuántos son nuestros días, y cómo invertirlos sabiamente.

"¡Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría!"

El modo de Faraón y el modo de Dios

Como habíamos dicho, Moisés fue criado en Egipto, en toda la grandeza de la cultura egipcia. Los egipcios (al igual que los mayas, los aztecas y los incas) eran hábiles en medir el tiempo, ellos contaban los años, los meses, las semanas, los días, las horas y hasta los minutos y segundos. De hecho ellos adoraban al sol y a la luna, y creían que estos influían tremendamente en la vida de cada persona, incluso en la vida de Faraón, que según ellos, era el hijo del sol. Por lo tanto debían conocer perfectamente los siclos y el tiempo de cada uno de los astros. Por este mismo motivo Moisés le pide a Dios que le enseñe a contar los días. Pero Moisés le pide a Dios que le ayude a contar los días “de tal modo” que traiga a su corazón sabiduría. Moisés sabía contar los días, pero al modo egipcio, al modo que lo contaban los magos paganos de Egipto, como Janes y Jambres, al modo que le habían enseñado sus antiguos dioses, al modo que al final no trae sabiduría.
Pero una de las cosas principales que nosotros tenemos que entender cuando se trata de medir y contar nuestros días es que el modo como los hombres cuentan los días es muy distinto al modo como Dios lo hace. Y Moisés entendió esto, por eso le pide a Dios que le enseñe nuevamente a contar sus días, ya no al modo de los dioses egipcios, sino al modo de Dios, al modo del gran YO SOY. Sólo el Anciano de Días es el único que nos puede enseñar a vivir los días que nos restan en la tierra.

Dos Generaciones, Y Dos Modos De Contarlas

Veamos lo que nos dicen los capítulos 4 y 5 del Génesis.
Génesis 4:17 nos relata la historia de Caín. Caín fue el primer hijo de Adán y Eva, que mató a su hermano Abel. Y en este capítulo se nos da la descendencia de Caín. En los versículos 17 y 18 dice: "Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec". Es muy revelador darse cuenta que al describir a los descendientes de Caín no se menciona la edad de ellos, ni la de sus hijos, ni mucho menos la época o fecha en que murieron sus descendientes.
Sin embargo, cuando estudiamos la descendencia de Set, el substituto de Abel, nos encontramos con una visión y una manera muy diferente de relatar su descendencia. Leamos por favor la forma como se cuenta la línea de Set: "Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a enos, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió".

Si seguimos leyendo la descendencia de Set, vamos a encontrar el mismo modo de contar los días respecto a cada uno de sus hijos: se da primero su época de nacimiento, luego su edad, cuando tuvieron el primer hijo; cuando tuvieron los otros hijos, también se cuenta cuántos años vivieron, y después, se cuenta y se dice a que edad murieron. El modo de relatar la descendencia de Caín es distinto al modo de relatar la descendencia de Set, ¿Por qué razón? El gran predicador chino Watchman Nee nos da la respuesta: “¿Cual es la razón de esa diferencia? Es porque a los ojos de Dios Caín no tiene años que sean contabilizados. Tal vez él se haya casado a los cincuenta años, engendró hijos a los sesenta y morir con seiscientos años, sin embargo Dios no los consideró. Simplemente los ignoró. A los ojos de Dios este hombre nunca vivió; aún mientras vivía, él estaba muerto. Por eso, solamente su nacimiento fue registrado (que equivale a la muerte) y no su muerte. Ya que, para Dios, él no vivió, entonces no tiene números para contabilizar y, tampoco murió. ¿Que tipo de persona esas del capítulo 4 representan? Representan todos los que no nacieron de nuevo, los que están muertos en Adán, los que no tienen vida eterna, por lo tanto no tienen cuenta de años.

Watchman Nee está en lo cierto, y la conclusión es esta: La descendencia de Caín no tiene días para ser considerados delante de Dios. Sus días no cuentan delante de Dios. Dios no tiene memoria ni registro de ellos. Por esta misma razón el restaurador Nehemías le respondió a sus enemigos “Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén”.

Caín y sus hijos representan a los hombres que nunca han nacido de nuevo, a los hombres que no han sido tocados por la gracia irresistible de Dios. Ellos no tienen una historia delante de Dios; están muertos en delitos y pecados (Ef. 2:1). La Biblia dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5: 12).

Por lo tanto, el estado de una persona sin Cristo es el mismo estado que tenía (y tiene) Caín junto a su descendencia. Caín y sus hijos no tienen una historia espiritual como para ser registrada por el Espíritu Santo. No se registra la fecha en que nacieron, porque en realidad ellos nunca nacieron para Dios; tampoco se menciona en que época o año engendraron hijos, porque jamás han sido padres espirituales de alguien, ellos nunca podrán decir como Pablo: “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” (1 Tes. 2: 7), la descendencia de Caín es una descendencia maldita, es estéril, no puede dar vida porque sencillamente no tiene vida para dar. Por esto, ellos no tienen historia. Los cainitas son los sin historia, los sin iglesia, los sin salvador, los sin testimonio, los sin vida. Así es la depravación total, y esta es su consecuencia: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3: 23)

Muy diferente es con la descendencia de Set (los setitas). Desde Adán en adelante, incluyendo a todos los patriarcas y hasta el último de los profetas junto a los apóstoles, se nos informa casi escrupulosamente la época en que nacieron, en que fecha tuvieron hijos, cuanto tiempo vivieron y cuando murieron. La historia de ellos sí cuenta, hasta el mismo Señor Jesucristo lo dijo: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mt. 10: 30), nuestras vidas están registradas en los cielos porque nuestros nombres están inscritos en los cielos y en el libro de la vida. “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Is. 49: 15-16)

Dos generaciones que nos revelan tremendas cosas. Por un lado están los quebrantadores del pacto. Respecto de ellos no hay memoria, ni registro, ni historia en los cielos. Pudieron haber edificado e inventado tremendo proyectos. Pudieron haber acumulado riquezas y bienes. Caín y su descendencia construyeron grandes ciudades (Gé. 4:17), desarrollaron la ganadería (Gé. 4:20), inventaron y crearon grandes obras de arte (Gé. 4:21), emprendieron grandes negocios metalúrgicos (Gé. 4:22), en fin, fundaron grandes imperios sobre la tierra. Sin embargo, no tienen días ni historia para Dios, ellos no existen para Dios, sus obras no son suficientes para ganar el agrado o favor de Dios porque la salvación no es por obras sino que es por Gracia, por medio de la fe, y esto NO es de Nosotros, sino de Dios. ¡Aleluya! , El día que ellos vuelvan al polvo -porque de allí fueron tomados- van a perder su alma, porque Dios les dirá: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. (Lc. 12: 20-21)

En cambio, por otro lado, tenemos a los hijos del pacto, la descendencia de Set. Estos son los que sí existen para Dios. Estos son los que han entrado en pacto con Dios y con su ley. Estos son los que viven para Dios, porque Cristo ha venido a sus vidas y han vuelto a nacer. Dios lleva un registro de ellos, y cuenta sus días. Sus días comenzaron a ser contados desde el preciso momento en que la gracia soberana e irresistible (invencible) llegó a sus vidas. Si bien es cierto que ellos ya existían en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, y que Dios los conocía y los amaba mucho antes de ser formados en el vientre de sus madres, sin embargo la verdadera existencia en el reino de Dios comenzó a ser registrada cuando ellos recibieron a Cristo en el corazón.
¿Por qué podemos estar seguros de nuestra salvación?, ¿Por qué podemos confesar nuestra fe cada día de reposo junto a nuestra familia?, ¿Por qué decimos que somos real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios?, ¿Por qué confesamos cada domingo nuestra identidad en Cristo?, ¿por qué decimos que somos amigos de Cristo, que estamos sentados con él en los lugares celestiales?, ¿Por qué podemos decir que nuestros hijos están también bajo este maravilloso pacto de gracia?. La razón es muy sencilla, porque hubo un día en que nosotros nacimos de nuevo. Porque ese mismo día la vida de Dios se metió en nuestros huesos y pudimos decir ¡¡Abba Padre!! Ahí comenzó el Señor a contar nuestros días.

El hermano Watchman Nee nos dice: “Cuántos nacimientos usted tiene?" Si hubo sólo uno, yo temo por usted, pues es necesario que usted tenga el segundo nacimiento. Temo que entre los que están leyendo este libreto, haya los que tienen sólo un nacimiento… así como Caín, no tienen años contados delante de Dios. Aunque él haya vivido quinientos o setecientos años y realizado muchas cosas, nada de eso tiene valor. …Por eso, la edad espiritual solamente se inicia con el nuevo nacimiento.

Un día, conversando con un hermano, pregunté: “¿Por qué Pablo estableció a Timoteo cuando este era joven?, ¿acaso un presbítero no debe ser anciano y experimentado?, ¿Como pudo establecer una persona joven? Eso no es correcto. ¿Como Timoteo pudo ser presbítero?" Acuérdese de que la contabilidad de Dios es diferente de la humana. Usted puede tener sesenta años, pero solamente un mes delante de Dios, o puede tener veinte años, sin embargo puede que ya tuviera diez años ante Dios. La cuenta se inicia con la salvación, pues antes de eso no hay nada contabilizado.

Conclusión

Un gran predicador calvinista dijo: “el que nace una vez morirá dos veces, en cambio el que nace dos veces morirá tan sólo una vez”. ¿Cuántas veces ha nacido?, ¿una vez? Entonces ud. Está en problemas, porque para Dios ud. No existe, sus días son irrelevantes y no son contados. En cambio si ha nacido dos veces ¡¡aleluya!! Ud. Vive para Dios. Sin embargo, no es porque seamos mejores que otros. No es porque hayamos cumplido una lista de méritos. Es porque la gracia soberana, incondicional e irresistible de Dios nos ha alcanzado, nos ha vencido. Es porque un día nosotros estábamos muertos, es porque un día nosotros estábamos en delitos y pecados, y el Dios de los cielos se nos manifestó, se nos reveló en la persona de Jesucristo. Oh, no es de los sabios, no es de los poderosos, no es de los ricos. “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Ro. 9: 15-18)

¿Existe UD. Para Dios?, ojo, note que no le estoy preguntando si UD. Cree que Dios existe , sino que le estoy preguntando si cree Ud. Que existe para Dios, ¿tiene UD. Una historia delante de Dios?, ¿Contará Dios sus días?, ¿a que descendencia pertenece?, ¿a la de Set?, ¿o esta engrosando la descendencia de Caín, éstos cuya historia no cuenta, éstos cuyos años están ignorados para Dios, estos cuyas acciones por muy grandes que sean no les servirán de nada a la hora de ver los registros en los cielos o de dar cuenta a Dios?

“Son muchos tus pecados. La arena del mar es poca en comparación. Pero cada uno de ellos ha de ser borrado, o perecerás eternamente. Un pecado no perdonado no puede entrar en el Reino de los cielos. ¿Qué harás entonces? Una cosa es clara: No puedes hacer nada. No puede; deshacer el pasado. Pero he aquí "el sacrificio más excelente". Limpia de todo pecado. Por él, toda clase de pecados son perdonados a los hijos de los hombres. Torna lo escarlata tan blanco como la nieve, y lo carmesí como la blanca lana. Cambia lo más vil en perfecta pureza. Sus méritos pueden hacerte a ti sin mácula. ¿Querrás ser tú como Caín y rechazar "el más excelente sacrificio"?

Tú necesitas paz. Satanás aturde. La ley te condena. La conciencia te acusa. Tus heridas son profundas. Tus cargas pesadas. Tu memoria trae ante ti horribles espectros. El corazón se derrite. Andas taciturno y pesado. Te miras a ti mismo y te desesperas. Miras el mundo y se burla de tu problema. Buscas una reforma y resulta una cisterna rota. Vuelas hacia los actos externos de la religión y son como cañas, te apoyas en ellas y te hieres las manos. ¡Cuán distinto es el "sacrificio más excelente"! Nos habla de que Dios está satisfecho, el pecado remitido, y todos los acusadores enmudecidos. Trae paz, perfecta paz, que sobrepasa todo entendimiento. ¿Serás como Caín y rechazarás el "más excelente sacrificio"? (Henry Law, el evangelio en Génesis)



¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
(Sal. 8:4)


SOLI DEO GLORIA




Walter Vega.
Ministro Iglesia Reformada Maipú
Presbyterian Church in America

¿Porqué Un Cristiano Debería Conocer La Doctrina De La Providencia? Parte II



Continuación...


En el estudio anterior dijimos que la Providencia era la puesta en marcha de los decretos divinos. En la Providencia Dios ejecuta su voluntad. Su voluntad incluye todo lo que pasa, por lo tanto, todo lo que ocurre es providencial y no accidental.
Los pájaros no caen a tierra por casualidad, ¿y Ud?, ¿Ha caído alguna vez?, ¿ha fracasado en algún proyecto?, ¿le han despedido de su trabajo?, ¿lo han avergonzado en publico?, ¿ha perdido algún ser querido?, ¿lo han rechazado, defraudado, estafado, traicionado, abusado, robado, violentado? Quiero que sepa que así como los pajarillos caen por la voluntad del Padre, de la misma manera Dios permite, por sabias y poderosas razones, que a veces nosotros también caigamos. Esto es lo que nuestros teólogos puritanos reformados han llamado “las providencias oscuras”.
¿Qué es una providencia oscura? Para partir, déjeme decirle que el término “oscuro” no tiene nada que ver con necromancia, ocultismo, brujería o astrología, sino sencillamente se refiere a aquello que no podemos ver o no podemos entender completamente. En otras palabras, una providencia oscura tiene que ver con aquellos actos soberanos, omnipotentes e inescrutables de Dios en relación a un trato especial con nosotros, pero que no los logramos comprender en su real dimensión hasta pasado mucho tiempo después, como bien decía el rey David cuando no comprendía totalmente la voluntad de Dios en un determinado momento: “Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. (Sal. 73: 22-25)
Por su parte, la Confesión de Westminster sostiene en su capítulo V lo siguiente: “El todo sabio, justo y benigno Dios, a menudo deja por algún tiempo a sus hijos en las tentaciones multiformes y en la corrupción de sus propios corazones, a fin de disciplinarles por sus pecados anteriores o para descubrirles la fuerza oculta de la corrupción y el doblez de sus corazones, para que sean humildes, para infundir en ellos el sentimiento de una dependencia de apoyo más íntima y constante en El, para hacerles más precavidos contra todas las ocasiones futuras del pecado, y para otros muchos fines santos y justos”.
Entonces, una providencia oscura es la voluntad de Dios siendo aplicada en nuestras vidas, pero que aún no sabemos cual es su propósito final. "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos". (Isaías 55:8-9)
Romanos 11:33, indica que los juicios de Dios son "insondables", y sus caminos "inescrutables". Una manera de hablar parecida a ésta, la encontramos en 1 Corintios 2:16, donde dice: "Porque ¿quién ha conocido la mente del Señor, para que le instruya?"
El gran teólogo reformado Arthur Pink dijo: “Hay épocas en la vida de todos los hombres, incluso en la de los cristianos, cuando no es fácil creer que Dios es fiel. Nuestra fe es penosamente probada, nuestros ojos oscurecidos por las lágrimas, y no podemos acertar a ver la obra de su amor. Los ruidos del mundo aturden nuestros oídos perturbados por los susurros ateos de Satanás, que nos impiden oír los acentos dulces de su tierna y queda voz”.
“Los planes que acariciábamos han sido desbaratados, algunos amigos en los cuales confiábamos nos han abandonado, alguien que profesaba ser nuestro hermano en Cristo nos ha traicionado. Nos tambaleamos. Intentamos ser fieles a Dios, pero una oscura nube le esconde de nosotros. Encontramos que, para el entendimiento carnal, es difícil, mejor dicho, imposible armonizar los reveses de la providencia con sus gratas promesas”.
“¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios” (Isa. 50:10). Cuando seamos tentados a dudar de la fidelidad de Dios gritemos: ¡Vete, Satanás!”
“Aunque no podamos armonizar el proceder misterioso de Dios con las declaraciones de su amor, espera en él, y pídele más luz. El te lo mostrará a su debido tiempo. “Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan. 13:79)”
“El mismo sol que derrite el hielo, también endurece la masa". Andrew Fuller dijo: “Las aflicciones sirven para refinar a algunos y para consumir a otros”. (J. J. Murray)
John Newton fue uno de los que hizo este doloroso descubrimiento:

Pedí al Señor para poder crecer en la fe y en toda gracia...
Y El me ha contestado; pero en una forma que casi me condujo a la desesperación.
Yo esperaba que me contestaría y en su amor y poder, sujetaría mis pecados y me daría descanso.
Pero en lugar de esto me hizo sentir los pecados ocultos de mi corazón y permitió que los malvados poderes del infierno asaltaran mi alma por todas partes.

Robert Murray Mc’Cheyne confesó que la semilla de todo pecado podía ser encontrada en su corazón. ¡Cuán profunda es la corrupción latente en nuestro interior! Somos como un depósito de combustible, solamente se necesita una pequeña chispa para que se incendie. Piense en la irrupción del pecado en al vida de tantos santos de las Escrituras: Los engaños de Abrahán, las palabras no avisadas de Job, el enojo excesivo de Moisés y las murmuraciones de Asa; el orgullo de Pablo, etc.. Por fin Job tuvo que decir, “...me aborrezco, y me arrepiento En el polvo y en la ceniza” (Job 42:6, RV). Y Asa también confesó: “Pues yo era ignorante y no entendía; yo era como un animal delante de ti (Salmos 73:22, RVA).
Tales descubrimientos nos obligan a disminuir la opinión que tenemos de nosotros mismos y por lo tanto, nos conducen a elevar nuestra estimación del Señor Jesucristo. Esto trae un arrepentimiento más profundo y una recuperación del verdadero significado de nuestra pecaminosidad. (J.J. Murray) Por esta razón el sabio Lutero dijo: “En verdad (ante Dios) somos unos mendigos”
Dios nos prepara como si no existiera ninguna otra persona para alistar. Cuando le preguntaron a un escultor que trabajaba una pieza de mármol ¿Qué estas haciendo? El contestó, estoy quitando todo aquello que no tenga la apariencia de un caballo. (Nota del traductor: Esto quiere decir que Dios está quitando de nuestro carácter, todo aquello que no se parezca al carácter de Cristo). (J.J. Murray)
Martín Lutero dio un testimonio parecido: “La aflicción es el teólogo para el cristiano”; “Nunca entendí el significado de la palabra de Dios hasta que vino la aflicción”. “Mis tentaciones han sido mi maestría en divinidad”. “Sin las pruebas y las tentaciones, ningún hombre puede alcanzar un entendimiento verdadero de las Escrituras”.
Yo anduve una milla con el placer; me hablaba en todo el camino, pero después de todo lo que me dijo, no me hizo más sabio. Yo anduve una milla con la tristeza y no me dijo ni siquiera una palabra, pero aprendí muchas cosas, cuando la tristeza anduvo conmigo. (J.J. Murray)
Phillips Brooks dijo: “Dondequiera que las almas estén siendo probadas y maduradas en cualquier forma, (ya sea por pruebas comunes y corrientes o por pruebas espectaculares) allí está Dios tallando las columnas de su templo (Apo.3:12). Thomas Boston nos recuerda que: “Nunca suceda un acto de resignación a la voluntad de Dios bajo la cruz, ni tampoco un acto de confianza en El y dependencia de su ayuda, que no hayan sido registrados en el libro celestial como buenas obras”.
Frecuentemente vemos que las tristezas conducen a una mayor utilidad en las vidas de los siervos de Dios. Spurgeon dijo: “Dios obtiene a sus mejores soldados de los altos de la aflicción”. El fue un extraordinario ejemplo de esto mismo. El testificó: “Yo no se si mi experiencia sea igual a la de todo el pueblo de Dios; pero me temo que toda la gracia que he recibido de mis tiempos más confortables y de mis horas felices, no valen más que un centavo. Pero el bien que he recibido de todas mis tristezas, dolores y aflicciones es totalmente incalculable”. Thomas Boston (quien experimentó una abundancia de tristezas) dijo: “Ha sido usual en mi experiencia de la providencia, que las bendiciones me han llegado a través de varias puertas de hierro”. J.C. Ryle escribió algo parecido: “Las herramientas que el gran arquitecto pretende usar mucho, son mantenidas mucho tiempo en el fuego para que sean templadas y aptas para la obra”.
Comenzamos nuestro servicio pensando que Dios nos necesita pero muy pronto descubrimos que nosotros le necesitamos a El. Thomas Watson dijo: “Cuando Dios pone a los hombres en el lecho de la enfermedad, entonces ellos miran hacia arriba”. Frecuentemente clamamos a Dios por bendiciones, pero no le queremos realmente a El, sino sus bendiciones. Entonces, El tiene que enseñarnos que El mismo es la más grande bendición de todas.
Este fue el descubrimiento hecho por John Newton en su viejo himno, “la oración contestada a través de las aflicciones”, el cual dice:

Clamé temblando, Señor ¿Qué es esto?
¿Te propones perseguir este gusano hasta la muerte?
Esta es forma, replicó el Señor, en que respondo a las peticiones por gracia y fe.
Estas pruebas internas son las que voy a usar para librarte del yo y del orgullo; y para quebrantar sus esquemas de gozo terrenal, para que tú puedas buscar tu todo en mí.

Thomas Watson enfatiza la misma lección: “Los vasos de misericordia son primero sazonados con aflicciones y entonces puede ser llenos con el vino de la gloria”. (J.J. Murray)
Debemos medir el amor de Dios no por su providencia, sino por sus promesas. C.H. Spurgeon dijo que cuando no podemos entender la mano de Dios, podemos confiar en sus motivos. Cuando las providencias son oscuras, es difícil leerlas. Es la Palabra la que nos dice como interpretarlas. “No juzgues al Señor en base a tu débil sentido, sino confía en El por su gracia;
Detrás de una providencia oscura, El oculta un rostro sonriente”.
Job sufrió a manos de los caldeos y los sabeanos, sin embargo cuando habló de su pérdida, el fue capaz de decir: “... Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21, RV). José dejó su causa en las manos de Dios y por fin fue vindicado. Job hizo lo mismo. Samuel Rutherford dijo: “Es imposible ser sumisos y pacientes, si permitimos que nuestros pensamientos se fijen en el embrollo de las causas secundarias, como por ejemplo; el lugar, las circunstancias, el tiempo o si hubiéramos hecho esto o aquello esto no hubiera pasado. (J.J. Murray)

Cuando Dios guarda silencio

El Dr. Ronald Dunn tiene estas palabras muy sabias respecto al problema del silencio de Dios en nuestro sufrimiento:
“Yo creo que esta es la parte más difícil de todas. Usted puede aceptar casi cualquier cosa a condición de que sepa el porque. En todas las reuniones y en todas partes a donde voy, me preguntan, ¿Porqué?... Le voy a decir algo importante: Casi nunca Dios contestará su pregunta acerca del porqué. No es que no existan respuestas, sino mas bien, el hecho de que probablemente nosotros no entenderíamos la respuesta si El nos la diera. Y aún más, tenemos que aprender a confiar en El sin saber el porque. Cuando le preguntamos el porqué, frecuentemente lo que estamos realmente haciendo es, exigir que El se justifique a sí mismo, es decir, le estamos pidiendo cuentas”. (J.J. Murray)
“Una de las razones por las cuales Dios no respondió a los clamores de Job por justicia, fue debido a que El quería continuar su relación con Job en base a la gracia. Dios no quería que Job tuviera una “fe comercial” basada en un contrato celestial. El quería que Job tuviera una fe basada en las riquezas del carácter divino; su amor, su misericordia, su gracia, su bondad, su ternura, etc.. Solamente así nada podría interferir con su relación. La cuestión esencial no es ¿Porqué sufren los justos?, Sino más bien, ¿adoramos a un Dios quien es digno de nuestros sufrimientos?”
Mucho de nuestros pensamientos están centrados en nosotros mismos. El Dr. Dunn señala que el tema principal del libro de Job no es ¿Porqué sufren los creyentes? Sino más bien, ¿Porqué los hombres sirven a Dios? Si Dios nos fuera a quitar todas nuestras bendiciones, ¿Todavía le amaríamos y le adoraríamos? Si podemos hacerlo así, como Job lo hizo, entonces estaríamos refutando la mentira del diablo y glorificando a Dios.
Mucho más importante que cualquier explicación del porqué de nuestros sufrimientos, es el acercarnos a Dios en nuestra experiencia. Una persona que entendió esto dijo: “Yo tenía un millón de preguntas para hacerle a Dios, pero cuando le conocí todas se desvanecieron de mi mente y dejaron de tener importancia”. Esta es la única manera para contemplar las cosas desde una perspectiva correcta. Esto es lo que le sucedió a Asaf. Mientras que veía que los impíos prosperaban y él experimentaba la disciplina del Señor, todo el asunto resultaba doloroso para él, hasta que entró en el santuario de Dios. Entonces vino ante la presencia de Dios y escuchó la palabra de Dios. Entonces el dijo, “entendí la postrimería de ellos” (Sal.73:17). El no simplemente se sintió bien, sino que recibió un entendimiento.
La mayoría de la gente es más preocupada por deshacerse del problema, que por buscar el propósito de Dios en el. Matthew Henry dijo que las aflicciones continúan solamente hasta que hayan cumplido su propósito. Entonces, es nuestra responsabilidad orar para que nuestras aflicciones cumplan su propósito y nos santifiquen.

William Cowper dice algo parecido en sus palabras tan conocidas:

Ustedes santos temerosos, cobren nuevo ánimo;
las nubes que tanto temen,
están cargadas con misericordia,
y derramarán misericordia sobre sus cabezas.
Sus propósitos pronto madurarán,
desplegándose a cada hora.
El botón puede tener un sabor amargo,
pero la flor será dulce.

Ahora medite en José y en las terribles noches de sufrimientos. ¡Qué contraste entre la prisión y el palacio! “Afligieron sus pies con grillos; En cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, El dicho de Jehová le probó. Envió el rey, y le soltó; El señor de los pueblos, y le dejó ir libre. Lo puso por señor de su casa, Y por gobernador de todas sus posesiones, Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, Y a sus ancianos enseñara sabiduría.” (Salmos 105:18-22). Fueron unos veintidós años después de haber sido echado en el pozo, que José descubrió el porque de sus aflicciones, “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Gén. 50: 20)
Es el tiempo de la providencia lo que es frecuentemente tan maravilloso. Es el momento oportuno de la misericordia lo que le da tanto valor. La maquina de la providencia divina puede traer una larga cadena de consecuencias felices. Nosotros no somos capaces de entender nuestra condición presente o nuestros sufrimientos, debido a que la providencia divina obra en una escala muy grande. Job no tenía idea alguna de que él era el foco de una batalla entre Satanás y Dios. Dios estaba exhibiendo un trofeo de su gracia, empero Job pensaba que su vida era inútil. En el mismo momento cuando él pensaba que todo se había perdido, él estaba haciendo la cosa más importante de todas, estaba glorificando a Dios y refutando la mentira del diablo.
Nuestras vidas son parecidas a la tela de un tapiz. El revés parece ser una masa de hilos enredados sin ningún propósito; mientras que el frente es un bonito cuadro que se está formando.

Hasta que el telar guarde silencio
y la lanzadera se detenga;
Dios no desenrollará la tela,
ni explicará la razón del porque.
Los hilos oscuros son tan necesarios
en las manos del tejedor,
como lo son los hilos de oro y plata
en el patrón que El ha diseñado.

Conclusión

Dios ha establecido un vínculo inseparable entre el sufrimiento y la gloria. Ese fue el camino que Cristo tomó. El fue hecho completo como nuestro salvador “a través de los sufrimientos”. El soportó y fue sin pecado.
¡Cuánto más es necesario que los pecadores pasen por ese mismo camino de los sufrimientos, que conduce a la perfección y la gloria! Entonces, ¡Cuántos motivos tenemos para ser reconciliados y resignados con nuestros sufrimientos! Robert Murray Mc’Cheyne escribió: Yo siempre siento mucho la necesidad de que la mano de Dios me aflija”. S. Rutherford dijo: “Alabad a Dios por el martillo, la lima y el horno”. Y en forma parecida C.H. Spurgeon escribió: “Este es el lugar par el horno, la forja y el martillo”.
No debemos ser engañados por la postura moderna que nos invita a deshacernos lo más pronto posible, de nuestras aflicciones y enfermedades, para luego regocijarnos. El Nuevo Testamento nos llama a regocijarnos “en medio” de los sufrimientos. De hecho, deberíamos estar alarmados si no hemos experimentado el sufrimiento, porque sufrimos con él, para que seamos con él también glorificados (vea Rom.8:17). Sin sufrimiento no hay gloria.
Sinclair Ferguson en su libro “Añadid a vuestra fe”, se acuerda de haber visto un letrero en el tablero de una iglesia, el cual decía:

TALLER - PLANTA BAJA (La tierra)
SALA DE EXHIBICION – ARRIBA (El Cielo)

Nuestras vidas en la tierra son parecidas al taller. Estamos en el lugar de la preparación. Nuestras vidas tienen las evidencias del cincel de Dios sobre nosotros. Nuestra palabra en español “carácter” viene de una palabra griega, la cual significa una herramienta de grabado, o un molde para forjar una imagen. Las pruebas de esta vida pudieran ser la herramienta divina para grabar la imagen de su Hijo en nuestro carácter. Estas experiencias pudieran no ser agradables, pero son provechosas. Arriba en la gloria, Dios exhibirá los artículos terminados. Ellos serán como su Hijo.
El bautista calvinista John Piper, nos cuenta en su fabuloso libro los deleites de Dios, “Peter Cameron Scott nació en Glasgow, Escocia, en el año 1867 y fue el que fundó la Misión al interior de África. Sus esfuerzos por llevar el evangelio a África fueron interceptados por la tragedia y el desaliento. Su hermano John se había unido a la misión, pero a los pocos meses sucumbió, víctima de la fiebre. Solo en la jungla, Scott lo enterró y en la tumba renovó su voto de predicar el evangelio. Sin embargo, para agravar su tristeza, su salud se quebrantó y, completamente desanimado, tuvo que regresar a Inglaterra.
Algo maravilloso sucedió en Londres. Scott necesitaba una fuente fresca de inspiración y la encontró en una tumba de la Abadía de Westminster, donde yacen los restos de un hombre que inspiró a muchos otros en su servicio misionero en África. El espíritu de David Livingstone fue el que impulsó a Scott, mientras se arrodillaba y leía la inscripción:

TENGO OTRAS OVEJAS QUE NO SON DE ESTE REDIL;
TAMBIÉN DEBO TRAERLAS

Regresaría a África y, si era necesario, entregaría su vida por la causa por la que este gran hombre había vivido y había muerto."
Otra vez Piper nos cuenta, “George Mueller, el gran hombre de oración, que construyó orfanatos e inspiró a la fe de miles de personas, nos muestra la manera en que debemos aferrarnos a la verdad de que Dios no dejará de hacernos bien…. El 6 de febrero de 1870, Mary, la esposa de George Mueller murió a causa de la fiebre reumática. Habían estado casados por treinta y nueve años y cuatro meses. George tenía 64 años. Al poco tiempo del funeral, estuvo lo suficientemente fuerte como para predicar un «sermón de funeral», como él lo llamó. ¿Qué texto habrá escogido para este momento en el que Dios se había llevado a su amada esposa? Eligió el Salmo 119.68: «Tú eres bueno, y haces el bien». Desarrolló estos tres puntos:

1. El Señor fue bueno e hizo bien en dármela.
2. El Señor fue bueno e hizo bien en permitirme estar con ella tanto tiempo.
3. El Señor fue bueno e hizo bien en quitármela.

Bajo ese tercer punto relató la manera en que él había orado mientras ella estuvo enferma:

Sí, mi Padre, los tiempos de mi querida esposa están en tus manos. Harás aquello que sea mejor para ella y para mí, ya sea que esto signifique la vida o la muerte. Si es posible, levanta a mi preciosa esposa. Tú puedes hacerlo a pesar de su enfermedad, pero sea como fuere que trates conmigo, sólo ayúdame a estar completamente satisfecho con tu santa voluntad.

Al mirar hacia atrás y ver la manera en que Dios había respondido a su oración, expresó:

Cada día me doy cuenta con mayor claridad de lo mucho que significa para los orfanatos su pérdida. Sin embargo, con frecuencia y sin esfuerzos, lo más recóndito de mi alma se alegra en el gozo de mi amada difunta. Su felicidad me alegra. Si fuera posible traerla de regreso, mi querida hija y yo no lo haríamos. Es Dios mismo quien hizo esto. Estamos satisfechos en él.

La Palabra de Dios declara que en cualquier condición en que te encuentres, Él nunca te desamparará. (Hebreos 13:5) El salmo 91 dice que estará contigo aún en la angustia. (Salmo 91:15) Sé honesto, y pregúntate: ¿Dios me ha abandonado en la tribulación?; Puede ser que te hayas sentido desazonado como el rey David cuando expresó: “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl” (1 Samuel 27:1) Pero igual que David, tú has sido librado del día malo, y las promesas de Dios han sido fieles y ninguna de ellas ha caído a tierra. El sabio puritano Claude Duval Cole expresó en cierta oportunidad:

“¿Hay algún problema en su vida para solucionar,
algún pasaje parece estar lleno de misterio?
Dios lo sabe, El es quien trae las cosas ocultas a la luz.
El es quien guarda la llave.

“¿Hay alguna puerta cerrada por la mano del Padre,
la cual tu has tenido esperanza de ver abierta de par en par?
Confía en Dios y espera; porque cuando El cierra la puerta,
El es quien guarda la llave.

“¿Hay alguna oración importante que está aún sin respuesta,
o respondida no como tú habías esperado que ocurriera?
Dios aclarará Su propósito poco a poco.
El es quien guarda la llave”.



Sí, Padre, porque así te agradó…
Rev. Walter Vega. Ministro Iglesia Reformada

Importancia de tener iglesias centradas en el evangelio


La Ortodoxia Muerta.


Tim Keller


Tomé este artículo del estudio del Evangelio en Romanos de Keller (Estudio 4). En este tiempo de múltiples opciones, el artículo muestra la importancia de tener iglesias centradas en el evangelio.

Confiar en la ley (mandamientos de Dios) es moralismo. Esto es hacer la ley (Que es una cosa buena) un sistema de salvación. El contenido de la ley es bueno, pero usar la ley como un sistema de salvación es muerte. Pero el moralismo es extremadamente común y siempre lo ha sido. Este es actualmente la religión más grande del mundo. Hoy es extremadamente común para la gente compararse a sí mismos con otros, haciendo notar que ellos son “mucho más buenos que la mayoría de la gente”, y dicen, ” si hay un Dios, él ciertamente me aceptaría.”

Es completamente posible poner tu fe en tus prácticas religiosas para salvación en lugar de en Dios. De hecho, tu puedes aún confiar en el Cristianismo en lugar de Cristo. Esto sucede en toda clase de iglesias.

La “Ortodoxia muerta” es una condición donde las doctrinas básicas son cuidadosamente suscritas, pero estas no vitalizan a la gente. Puede haber un apoderamiento de verdades, pero el evangelio no hace una revolución interna. El Dr. Richard Lovelace dice que los miembros de iglesia quienes no son verdaderamente enseñados que ellos son justificados por la fe sola en lugar de sus presentes logros espirituales, “son subconscientemente y radicalmente personas inseguras”.

La “Ortodoxia muerta” hace que la iglesia esté apoyada en un “cojín religioso” que le hace sentirse bien y cómoda. La gente desesperadamente necesita asegurarse que ellos están en lo correcto. Y entonces se juntan buscando un “cojín”. Varias iglesias hacen esto de varias maneras:

a) Las “Iglesias Legalistas” producen detallados códigos de conducta y detalles de doctrina. Los miembros necesitan continuamente escuchar que ellos son más santos y cuidadosos en la doctrina y que las iglesias con mala doctrina están equivocadas. Ellos confían en su “exactitud teológica”.

b) Las “Iglesias de Poder” ponen gran énfasis en milagros y obras espectaculares de Dios. Los miembros necesitan continuamente tener experiencias de poder emocional y ver sucesos dramáticos. Ellos están confiando en sus sentimientos (o emociones) y en esas respuestas dramáticas a las oraciones.

c) Las “Iglesias Sacerdotales” ponen gran énfasis en los rituales y la tradición. El manejo de la culpa de la gente es anestesiada por la belleza de la música y la arquitectura y la grandeza y el misterio de la ceremonia. Estos descansan en tradiciones.
Ahora, el cuidado de la buena doctrina, una buena conciencia moral, la oración de fe, y la belleza del culto ¡Todo ello está bien! Pero el problema es que esos elementos son regularmente usados como una forma de “obras muertas”, reemplazos de la confianza en la justicia de Cristo.

“Mucho de lo que hemos interpretado como un defecto de santificación ( carencia de madurez) en la gente de la iglesia, es realmente una consecuencia de su pérdida respecto a la justificación [el evangelio de la justicia recibida].”Richard Lovelace. La importancia de este principio no puede ser sobre enfatizado.
Por esto, una iglesia centrada en el Evangelio es rara. Muchas iglesias comienzan con la misión central de conectar a la gente con Jesús, pero pasado el tiempo ellas son arrastradas a mantenerse a sí mismas o a seguir una agenda separada. Ellas hacen todo esto en el nombre del Cristianismo, pero el corazón de su mensaje se ha ido. Algo más además de la gracia de Jesucristo toma el lugar central.

¿Cuáles son las señales o síntomas de la “Ortodoxia muerta”? Lee Romanos 2.21-29

1. Hay una posición sólo teórica hacia la Palabra de Dios. v. 21. Una persona puede amar los conceptos de la verdad, pero nunca está bajo ella, nunca sentir su poder. El moralista o persona con una ortodoxia muerta raramente o nunca está “bajo convicción”. Un cristiano real encuentra la Biblia “viva y activa” (Heb.4.12).

2. Hay una sutil u obvia superioridad moral. Si tu descansas en tus logros espirituales (moralidad y observancia de la religión), tu mirarás hacia abajo a aquellos que han fallado en las mismas áreas. Los Moralistas/Ortodoxia muerta son al final “fríos” y los más terribles jueces hacia aquellos que están batallando. Ellos no tienen palabras de ánimo para ellos. Una señal de esta condición es que tu no eres accesible – la gente no desea compartir sus problemas contigo. No eres una persona simpática. Además, los Moralistas/Ortodoxia muerta tienden al chisme y la murmuración y a ser defensivos.

3. Y lo más importante, hay una total carencia de una “vida interior”. Esta significa una activa vida de oración, y un sentido de la presencia y cercanía de Dios. Ahora, esto es algo que el Moralista y/o la Ortodoxia muerta no tienen regularmente. Ellos pueden obtener “sentimientos” cuando ellos son contagiados en la liturgia o en la excitación en un servicio en la iglesia, pero ellos están radicalmente inseguros que Dios les ama y por lo tanto experimentan muerte permanente en ellos. (¡Esto no quiere decir que un cristiano real siempre tiene grandes tiempos de quietud!).

4. Ahí encontramos doblez de vida. Ahí puede haber una completa hipocresía y una “doble vida”. Es posible que el “pilar de la iglesia” está teniendo una aventura amorosa o sea deshonesto en los negocios.